En Sinergia, que desde hoy abre al público, se da una unión inédita, aseguran sus gestores, de paseo de compras y cowork (ese sistema de puestos de trabajo y oficinas privadas integrados en una comunidad laboral, que desembarcó hace tres años en el país). En Mercado Ferrando, se reinterpretará un tipo de feria techada que es habitual en otras ciudades. Por lo que adelantan, ambas apuestas reflejarán tendencias que se constatan en la web y darán a conocer nuevos proyectos, en un entorno que quiere tomar distancia del ambiente de los shoppings.

Aunque este cuarto local de Sinergia, que emerge en simultáneo con su par del World Trade Center, está a una cuadra de 18 de Julio y a tres del mall de la terminal Tres Cruces, busca posicionarse como un foco de diseño con marcas independientes, como argumenta su responsable, Majo Rey: “Mezclamos un poco al emprendedor nuevo con los que ya tienen potencia. Esto nos da una unidad muy fuerte en cuanto a que el cliente ya sabe que acá va a encontrar cosas que no hay en otro lugar. Hoy en día si querés comprar un pantalón en Black & Liberty, un par de zapatos en Rotunda y un mueble en Menini Nicola tenés que recorrerte la ciudad dando vueltas”. Alguna otra ventaja comparativa frente a demás centros comerciales: “Acá va a haber contenido. No es ‘voy a Sinergia a comprarme un jean’. Se trata de cubrir las necesidades para toda la familia. Mezclar el espíritu del cowork con un paseo de compras”.

Maxime Degroote, del futuro Mercado Ferrando, admite que, en definitiva, el concepto es el mismo: un edificio con muchos locales. “Pero siempre quisimos evitar el estilo plaza de comidas, como tenés en otros lugares en Montevideo. Y el tipo de operador que buscamos debería ayudar mucho a que esto no sea un shopping más”, dice.

Su socia, Pierina Lanzaro, agrega que hay algunos elementos que harán la diferencia. “Le estamos destinando unos cuantos metros cuadrados a tener un jardín, un espacio que perfectamente habríamos podido aprovechar desde el punto de vista comercial. Se cambiaron los lucernarios, justamente para evitar esa sensación de topo, de que no sabés qué hora es, si llueve, si truena. Vamos a incorporar, en una segunda etapa, una sala de conciertos en el fondo, pero además, otra de las cosas que nos distinguen es nuestra idea de que en el Mercado pasen cosas, estar abiertos a la cultura desde lo gastronómico, que es un punto de reunión fundamental”.

No hay vacantes

Al entrar por el estacionamiento, días antes de la apertura, Sinergia Design huele a pintura fresca, y no es la de los murales de David de la Mano, que visten parte de las paredes del piso superior. Hay que atravesar varias puertas vidriadas pivotantes hasta llegar al cowork, que empezó a funcionar hace seis meses, mientras el resto seguía en obras. Majo Rey, su directora, asume que en esta instancia las gestiones se hacen en un entorno polvoriento y que no le queda otra que recargar su celular cuatro veces al día. Van a ser unos 40 locales, incluyendo el de su marca, los que abran a partir de hoy, y hay diez más en lista de espera. Todavía aguarda una tercera etapa de expansión, de la que por el momento no puede revelar mucho. Se sabe que habrá un tercer piso para las aulas de la escuela de Pablo Giménez, un jardín exterior vertical y un bar de cervezas en la terraza. Pero para eso falta.

Lo primero, un año y medio atrás, fue rescatar la grúa que venía con el edificio. Volver a poner en funcionamiento el aparato que servía para cargar la pesada mercadería de Vidrierías Unidas del Uruguay y que en esta nueva faceta agiliza procesos de reforma. “Para el barrio es muy significativo, porque es un lugar que estuvo abandonado por más de 20 años. De suerte no lo tiraron abajo para hacer un edificio. En vez de eso, logramos hacer un proyecto nuevo, de gente joven en su mayoría, de innovadores y emprendedurismo. Acá vamos a tener capacidad para 300 personas trabajando. Hoy en día tenemos 120 coworkers y oficinas, sin contar la parte de abajo, cuando todo esté funcionando. Tenemos ciertas ideas a implementar para que el barrio sea partícipe. Por ejemplo, huertas orgánicas pequeñas, de Mauricio Pizard y Joaquín Pastorino, en la nave central, y vamos a hacer un poco de inserción con los niños y las escuelas”.

Cuando asumieron la planta de casi 7.000 metros cuadrados, en enero de 2016, lucía más que descuidada: ni siquiera tenía techo. Si bien se mantuvo la estructura, hubo que reacondicionar la claraboya de más de 50 metros de largo, y recuperar el techo gracias a la grúa, que va de punta a punta, tarea que insumió varios meses. “Esto dejó de funcionar hace décadas, y después pasaron por acá eventos gastronómicos, ferias, hubo tiendas, en un momento se prendió fuego y desde entonces estuvo abandonado”, resume Rey sobre el primer edificio que va a convivir con un paseo de compras, salas de oficinas en la planta superior, que no tienen acceso y comunicación con la parte inferior, y el cowork que se implementa como en todos los Sinergia: “Alquilás tu espacio, venís con tu compu y trabajás”.

La vinculación con el resto de la comunidad Sinergia se da a través de un chat empresarial y de newsletters. El perfil del trabajador decanta solo y en este caso provoca que se acerque gente del diseño en un sentido amplio, desde arquitectos hasta proyectos gastronómicos, por el interés de establecer su red de contactos. “En WTC es mucho más finanzas, fintech, proyectos de ese palo. Si tenés algo más creativo, buscás venir para acá o para Palermo”, recalca Rey. “Acá están desde Mirada Couture hasta Malcolm, que es un negocio de e-commerce, una chica que es maquilladora y hace bodypainting, una agencia de publicidad, el equipo de producción de los boliches Bluzz Live y Río”. Con el paseo de compras pasa algo similar, ya que hay diseño de joyas y lanas, desde ropa para niños hasta vinilos, todo marca país, si así lo quieren, productos “transparentes”, que no atravesaron el mundo.

La fórmula surgió en una charla de asado en un momento emergente para el diseño local, que podría validarse por las ventas de patentes en el exterior, las repetidas ediciones de semanas de la moda, o por el éxito de paseos de compras temáticos, desbordados de público, haga frío o calor. Sinergia Design sería la escalada natural de esas ferias de diseño. O como sostiene Rey, “ahora las marcas tienen prestigio, categoría y una imagen bien determinada”, y juntarse hace al ecosistema más fuerte, para conseguir más apoyos y participar en las misiones inversas con otros países, para hacer consultorías o compartir know how. “No somos una corporación que te alquiló un metro cuadrado y te persigue para que pagues. Somos básicamente un negocio inmobiliario pero damos mucho apoyo y curaduría”.

En simultáneo a la flexibilidad de los alquileres, pondrán en práctica la metodología pop up, que para el vulgo se traduce en dos locales para que esas marcas que no consiguieron un sitio estable se muestren durante un mes. También habrá muestras efímeras, como la que la galería SOA monta este fin de semana.

Un mercado enjardinado

Lo más práctico hubiera sido poner un parking: la refacción estaría pronta y la amortización, asegurada. Pero el belga Maxime Degroote desoyó el consejo y lleva invertido más del doble de la cifra que le costaron los 2.200 metros cuadrados sobre la calle Chaná, esquina Salterain. Dos galpones que eran originalmente tres padrones, construidos en la década del 30 y unificados en los años 60. Allí, como consta en la fachada, Pablo Ferrando construía muebles asépticos —es decir, para uso hospitalario o escolar—, aunque la firma operaba ya desde 1878.

Casualmente, Degroote estudiaba español ahí a la vuelta, hace diez años, cuando recién llegaba a Uruguay y con una carrera de arquitectura sin terminar buscaba algo útil para hacer. Tenía 21 años y una familia a la que las transacciones inmobiliarias no le eran ajenas. Se había encargado de reciclajes respetuosos devenidos oficinas y hasta hogares (el suyo, sin ir más lejos), había construido de cero casas en la costa; un estacionamiento de autos no le convencía. Le atraía el estilo del edificio, que denotaban las cerchas, su entrepiso de hormigón. Así que consultó a su amiga Pierina Lanzaro, a quien había conocido en Dublín, si un mercado gastronómico —no una plaza de comidas— era viable en Montevideo.

Lanzaro es traductora pero a partir de sus 30 empezó a tomar cursos de cocina y a atreverse en el negocio, al organizar cenas como Topf. A ella tampoco la desvivía sacarle jugo a cada centímetro cuadrado de terreno. Si montaban un mercado, tenía que cuadrar con un criterio curatorial. De eso vienen conversando hace prácticamente tres años. Él como propietario y director general, coordinador del negocio, supervisando además la construcción en detalles como las tapas de desagüe, el color de las maderas, sustituir las aberturas de aluminio por las originales de hierro o colocar 15 centímetros de lana de roca en el techo, para revestimiento y climatización. Ella, sobre todos los roles, se ocupa especialmente de la curaduría, desarrollo de concepto y captación de operadores gastronómicos.

Acordaron que habrá puntos de venta (verdulería, carnicería, tiendas) y puntos de servicio (restaurantes), desplegados en módulos a lo largo de dos plantas, abajo con mesas comunitarias, arriba con servicio de salón, aunque no más formal ni más caro, y más espacio de circulación. Donde se cierra la planta alta hay 100 metros cuadrados destinados a un proyecto único. Su exclusividad consiste en su ubicación, con balcón de uso propio y vista al patio. Los contratos son en principio por dos años, con un precio de alquiler fijo, y hasta el tercer año no hay comisiones sobre la facturación. Una serie de medidas ayudan a facilitar el acceso a los primeros en sumarse, como no cobrarles el precio de llave.

Aparte del nivel y originalidad de la propuesta, buscan un alto grado de involucramiento del contratante. En total, serán unos 20. Habrá pizzas, hamburguesas, desdoblamientos de restaurantes ya establecidos y debutantes en el rubro, cocina étnica y quizás algún chef conocido. Eso sí, no quieren cadenas de comida ni subarriendos. Aclara Lanzaro: “Elegimos proyectos que se solapen lo menos posible en oferta, porque no nos interesa que este sea un espacio donde se compita por precio sino por propuesta. Estamos abiertos a alianzas pero no a casamientos con marcas a cambio de resignar nuestra independencia”. Dicen que Mercado Ferrando mostrará un panorama de la diversidad que ha ido cobrando la oferta culinaria, potenciando en un enclave colectivo a muchos proyectos que saliendo solos a la calle estarían asumiendo un riesgo demasiado alto. Lanzaro, que suele catar las muestras, cuenta que “hay un montón de gente que quiere dedicarse a esto que llaman pastelería saludable”.

“En las propuestas que llegan se notan las tendencias de la web, todo lo que sale en Instagram”, subraya Degroote. “Además, estamos buscando algún proyecto no tan visto, que sorprenda al cliente, que quiera probar. Siempre creí que Mercado Ferrando podía ayudar a potenciar los proyectos a los que antes les era muy difícil establecerse en Uruguay, porque dependen de qué tan grande es tu público para ese negocio específico y dónde tenés que ubicarte para que la clientela se mueva hasta tu local. Si tú estás dentro del mercado, donde ya hay un público que viene, sin tener de primera idea de qué va a comer, lo tenés pasando como si hubiese una calle gastronómica en Montevideo”.

Apertura de Sinergia Design | Feria gastronómica, música en vivo y la inauguración de los locales “de las marcas más pujantes del diseño uruguayo”. Hoy de 13.00 a 21.30 y mañana de 10.00 a 18.00, en Colonia 2235 y Acevedo Díaz. El paseo de compras abrirá de jueves a sábados de 13.00 a 22.00 y domingos de 10.00 a 18.00 (en verano será hasta las 20.00). Los domingos habrá mercadillos.

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